Desde la otra esquina: Traducciones y comentarios
por Alberto Loza Nehmad
 
Desde el rincón de siempre, a muchos temas se les termina viendo solo una cara, como a la luna. Con la finalidad de enriquecer los puntos de vista cotidianos, "Desde la otra Esquina" presenta traducciones -- de reseñas de libros, artículos, entrevistas -- y comentarios que ofrecen nuevos ángulos de reflexión al visitante de Libros Peruanos
 
 
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Biografía del Kamasutra
 

Por Michael Dirda, originalmente publicado como “A Biography of the World’s Most Famous Sex Manual”, The Washington Post, Domingo 1 de Junio, 2008 (Edición electrónica). Traducido por Alberto Loza Nehmad.

Reseña del libro de James McConnachie, The Book of Love: The Story of the Kamasutra. Ed. Metropolitan, 267 pp.

 
“Cuando la rueda del éxtasis sexual está en pleno movimiento,
no hay ningún libro ni ningún orden”
.
—El Kamasutra
 

Hace años, estábamos sentados en grupo bebiendo cuando escuché a un amigo murmurar dos oraciones que nunca he olvidado. “Saben, muchachos, el sexo es la cosa más bacán del mundo”. Hizo una pausa y estábamos todos por asentir con un movimiento de cabeza. Era, después de todo, un galán conocido y conocedor. Inesperadamente, sin embargo, añadió con desolación infinita: “Pero no es tan, tan bacán”.

Ahí, en ese golfo entre la realidad y el sueño, yace el dominio de la pornografía, la industria del sexo y la fantasía masturbatoria; del Viagra y la crisis de la edad mediana. Nuestros mitos occidentales de amor rara vez giran alrededor de la satisfacción; todos giran alrededor de los anhelos. En el Symposium de Platón se nos dice que los dioses dividieron en dos a los originales seres humanos de forma redonda, y que como consecuencia pasamos nuestras vidas buscando la otra mitad que nos completará. El llamado amor romántico, que floreció por primera vez en la Francia del siglo XII, se deleita en la pasión pospuesta, prohibida o impedida. Su tema verdadero es el deseo.

No obstante, para la imaginación occidental por largo tiempo el Oriente representó un escape de esta dominante infelicidad sexual. Baudelaire hablaba de reinos tropicales de “luxe, calme et volupté” [en francés en el original: lujo, calma y voluptuosidad]; Hawai y Tahití alguna vez atrajeron como tierras del Edén de inocente voluptuosidad. A partir del siglo XVIII, el Oriente, en general, parecía un jardín perfumado que ofrecía las tiernas atenciones de geishas, de muchachas isleñas de senos desnudos y muchachos bonitos. Ahí, en medio de amables atenciones eróticas era desconocida la oscuridad del pecado. Y además, esas perfumadas y sensuales tierras maravillosas incluso resultaron tener su guía, su biblia: El Kamasutra, a veces subtitulado “El arte hindú del amor”.

El título de por sí convoca visiones de posturas sexuales por demás ambiciosas. Y a pesar de ello, el Kamasutra verdadero es aún más fascinante que su mito. En su “biografía” de este clásico sánscrito, James MacConnachie empieza explorando los antecedentes filosóficos e históricos de este texto del siglo III. “Kama” es la palabra sánscrita para el placer o el deleite sexual; una “sutra” es un tratado erudito diseñado para comprimir el conocimiento en una serie de máximas breves. El Kamasutra mismo es un trabajo de consolidación o recuperación, dado que su autor, Vatsayana, nos dice que desarrolló su tratado sobre la base de siete tratados anteriores acerca del amor (todos ahora perdidos). El libro estaba dirigido “a ser una contribución al gran proyecto científico de la era: la composición de estudios autorizados sobre todos los aspectos del comportamiento y el entendimiento humanos”. Otros tratados estaban dedicados al dharma (una palabra asociada con la ley, la justicia, el deber y los principios) y el artha, que cubría el éxito terrenal.

Bajo la dinastía Gupta, la India del siglo III desarrolló una cultura urbana altamente estética y los lectores que buscaba Vatsayana eran hombres jóvenes de la ciudad que frecuentaran el teatro, practicaran las artes y vivieran vidas de playboy, dedicadas al placer. Su tratado (o shastra) está dividido en siete “libros”. En la traducción de Wendy Doniger y Sudhir Kakar de 2002, estos son: Observaciones generales, Sexo, Vírgenes, Esposas, Las esposas de otros hombres, Cortesanas y El esoterismo erótico. Lleno de detalles de la vida contemporánea, El Kamasutra es altamente dramático y ha sido comparado a una extensa pieza de teatro. El libro también busca establecer al sexo como una actividad humana, un arte cultivado que rechaza tanto la limitante moralidad budista como la descontrolada agresión sexual.

En el muy conocido Libro Dos, Vatsayana describe 64 kama-kalas, o maneras de hacer el amor. Para sorpresa de uno, estas no son 64 posiciones, nota McConnachie, “sino simplemente algo así como el gran total de categorías en las que Vatsayana divide los diferentes emociones y modos del acto amoroso. Los teóricos, dice Vatsayana, dividen el sexo en ocho temas diferentes, a saber, “abrazar, besar, rascar, morder, las posiciones, los gemidos, la mujer desempeñando el rol del hombre y el sexo bucal”. Puesto que cada uno de estos modos del sexo se supone tiene ocho diferentes manifestaciones particulares, se puede decir así, en el más amplio de los sentidos, que hay sesenta y cuatro maneras en las que un hombre o una mujer está teniendo sexo”. Sin embargo, como enfatiza McConnachie, “las kama-kalas no son solamente herramientas para un exitoso acto amoroso”, ellas también “reposan en el corazón de lo que constituye un hombre educado”.

No obstante, dado que investiga las prácticas reales, no solo ideales, Varsayana también describe mucho más que el comportamiento caballeroso e incluye el drogar, violar y raptar. Es de lo más encantador al discernir los “procedimientos del besar”, “tipos de rascar con las uñas”, “maneras de morder” y el carácter del orgasmo femenino (aunque nunca menciona el clítoris). Su mente analítica tabula claramente las diferentes tamaños y formas de los genitales masculinos y femeninos, formula maneras de engraciarse con muchachas jóvenes y mujeres casadas e incluso categoriza las variedades del gemido extático:”Como una parte principal del gemir, ella puede usar, de acuerdo a su imaginación, el canto de la paloma, el cuco, el pichón verde, el loro, la abeja, el ruiseñor, el ganso, el pato y la perdiz”. Claramente, Vatsayana debe haber sido algo así como un ornitólogo aficionado y alguien con muy buen oído para los cantos de las aves.

McConnachie nos recuerda que el texto original de El Kamasutra no fue enriquecido con ilustraciones y que solo en los tiempos modernos las ediciones han usado esculturas de miniaturas de estilo persa para describir innumerables e improbables acoplamientos. De manera similar, el Kamasutra original no tenía nada que ver con las prácticas del tantrismo; los adeptos religiosos de éste realizaban su magia sexual sin sentir deseo. Sin embargo, el libro sí alude brevemente a las prácticas homosexuales masculinas y termina ofreciendo recetas improbables para restaurar el vigor sexual, asegurar la fidelidad o terminar un romance.

Hacia el siglo XVI El Kamasutra había sido casi olvidado en la India (y parcialmente reemplazado por manuales sexuales ulteriores como Ananga Ranga). Le debemos el renacimiento de este clásico a Richard Burton, el explorador del siglo XIX, traductor de las Mil y una noches y abierto proponente de la libertad sexual. Los capítulos intermedios de McConnachie ofrecen una breve crónica de la atrevida vida de Burton, de sus amistades con los conocedores victorianos de los temas eróticos y del gradual redescubrimiento de la antigua literatura sánscrita. Aunque tradicionalmente se le atribuye a Burton la traducción de la edición de 1883 de El Kama Sutra (así escrito), el trabajo verdadero fue hecho por su amigo Foster Fitzgerald Arbuthnot y dos eruditos indios, Bhagvanlal Indraji y Shivaram Parshuram Bhide. Burton le dió algunos toques finales y añadió unas pocas notas, pero principalmente dio el impulso que llevó ese libro a la prensa (bajo los auspicios de la Kama Shastra Society). En relación con el sexo, enfatizó en una carta a un amigo, “es el libro estándar”

Los últimos capítulos de The Book of Love (El libro del amor) ponen al día la historia, sin escatimar a la entretenida pluma retratos ni anécdotas. Uno quisiera saber más acerca del mal afamado traductor francés de El Kamasutra, el homosexual converso hindú Alain Daniélou (cuyo igualmente complejo hermano, un cardenal católico romano a quien alguna vez estudié en el posgrado, Jean Daniélou, compuso un tratado en varios volúmenes sobre las técnicas medievales de la exégesis bíblica y murió en un burdel). McConnachie también reflexiona sobre el puritanismo contemporáneo en la India, discute la conversión de la palabra “Kamasutra” en un nombre de marca que equivale a acrobacia sexual (en particular por Alex Comfort en The Joy of Sex) y concluye con una revisión a las investigaciones recientes sobre el clásico sánscrito. Como si fuera poco, incluso recomienda algunas novelas basadas en el libro de Vatsayana, en particular Love in a Dead Language [El amor en una lengua muerta], de Lee Siegel, en la cual un investigador estadounidense cae desastrosamente enamorado de una joven mujer llamada Lalita Gupta.

McConnachie ha escrito un trabajo totalmente de primera sobre historia intelectual para lectores comunes. A lo largo de él, nos recuerda que El Kamasutra es un repositorio de la antigua cultura de la India y de los modernos ensueños sexuales (al ser la mayoría de las posturas ya sea incómodas o imposibles). Al final, sin embargo, El Kamasutra mismo reconoce que los últimos vehículos permanecen más allá de las enseñanzas del arte: “Cuando la rueda del éxtasis sexual está en pleno movimiento,/ no hay ningún libro ni ningún orden”.