Editoriales jóvenes
 
 
 
 
 
 
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Editoriales jóvenes..
 
 
 
pgc
Por Diego Alonso Sánchez Barrueto
El Dominical. Suplemento de El Comercio, Lima 17/11/07
 

Pese a que la Ley del Libro carece aún de reglamento, vivimos una explosión admirable en el mundo editorial, protagonizada por varios sellos independientes, aparecidas con el afán de publicar lo que, en muchos aspectos, han olvidado las editoriales grandes. Eso ha potenciado la actividad literaria local y sirve de plataforma de despegue a muchos escritores noveles que ahora ocupan la palestra en nuestra narrativa y poesía joven.

Si durante los años cuarenta, el poeta cubano José Lezama Lima prefería caminar por las calles de La Habana en vez de subirse a las "guaguas" con tal de ahorrarse unos centavos para poder llevar a imprenta su trascendental revista Orígenes, y ver sobre el papel la impecable marca de la tinta de sus sueños, sería bueno conocer qué tanto pueden hacer los editores jóvenes de esta época, con tal de ver en las estanterías el fruto de su esfuerzo. No pocos han estado a punto de sucumbir en la locura por sus deudas, que son las que finalmente financian sus proyectos. Pero en fin, son deudas felices -confiesan-, cheques en blanco que costean el goce de hacer lo que mejor les viene en gana. Ellos, sin duda, también han caminado por toda nuestra ciudad juntando en sus bolsillos la esperanza necesaria para proseguir su labor.

Actualmente, en la capital, circulan alrededor de una veintena de editoriales independientes -o alternativas- que han abierto los ojos en los últimos cinco años. Esta vorágine ha concentrado la atención de buena cantidad de nuevos -y viejos- lectores que logran aliviar su interés por la literatura local. Pero, ¿cómo ven sus jóvenes factótums el mercado local? ¿Qué los ha impulsado a movilizarse con tanta avidez? ¿Este negocio es realmente rentable? Tratemos de responder a estas preguntas.

Discípulos de Lezama
Tenemos por alternativo a todo lo que escapa de la oficialidad y nos proporciona nuevas vertientes. Y en el caso de las editoriales de bajo presupuesto no hay definición más precisa que esta. En nuestro medio los casos de Matalamanga, fundada por Ezio Neyra, y Estruendomudo, dirigida por Álvaro Lasso, son significativos en cuanto han logrado establecer sus sellos, con verdadero pundonor, como líderes en el mercado. Con muchos títulos publicados (algunos agotados y con segundas reimpresiones en ciernes), estos proyectos han servido, además, de catapulta a escritores hoy en vías de consagración (Luis Hernán Castañeda, cuyo primer libro, Casa de Islandia, fue alumbrado por Estruendomudo, sería un ejemplo). Esto indica la relevancia de estas editoriales, pero ¿cuánto se puede ganar con esto?

Giancarlo Gomero, director adjunto de Matalamanga, nos aclara que no tienen ningún rédito económico, ya que "todo retorno monetario por las ventas es invertido en algún otro libro o en diferentes promociones". Alvaro Lasso, por su parte, asegura que su editorial "aún no es sostenible económicamente" pero luchan para que lo sea. Confiesa que su objetivo inmediato es alcanzar las ganancias suficientes para pagar a todos sus colaboradores, que durante cuatro años han trabajado gratis.

Entonces ¿qué podemos esperar de aquellas propuestas con menos recursos? Cecilia Podestá, de Tranvía editores, declara que "el romanticismo y las satisfacciones personales se dan de golpe con las cuentas", acusando que, en su caso, publicar poesía es una pérdida asegurada. Arturo Vargas Luna, de [sic] Libros, está confiado de que podrá percibir ganancias en dos o tres años, cuando alcance los veinte títulos en el mercado; "estamos en una fase de inversión", enfatiza. En Mundo Ajeno, Carlos Yushimito enfrenta esta situación con bastante tranquilidad: "En nuestro caso, la riqueza que hemos obtenido son los libros publicados. Todo lo demás son grandes deudas". Sin duda alguna, todavía hay calle por recorrer.

La honda de papel de David
Muchos de estos jóvenes editores concuerdan en que la diferencia más patente entre sus propuestas y las de las empresas grandes es el factor comercial, que muchas veces empuja -opinan-- a cierta pauperización de la literatura. Cecilia Podestá, por ejemplo, acusa a las editoriales mayores de "haber convertido a grandes autores en herramientas de hacer dinero", desautorizando a esa literatura "que se vende pero que no llena". Por otro lado, Harold Alva, de Editorial Zignos, se refiere a que dos grandes transnacionales, como Alfaguara y Planeta, "están subestimando a los lectores al ofrecerles una literatura como de farándula".

Mundo Ajeno ofrece otra mirada a esta categorización diciendo que el verdadero problema está en "ofrecerle a la sociedad un espacio alternativo para lectores con otro tipo de exigencia puedan ejercer su derecho a la selectividad", es decir sacarle la vuelta al mercado y cubrir las necesidades de un grupo minoritario que consume literatura no-comercial.

Este aspecto alternativo es bien desarrollado. Max Palacios (Bizarro Ediciones) apuesta por títulos de corte underground: "el proyecto nació con la idea de calentar la aburrida escena literaria limeña con una literatura bizarra y contracultural". Al respecto Arturo Vargas Luna falla en favor de esta perspectiva diciendo que "las editoriales comerciales buscan homogeneizar el gusto del lector, mientras que las independientes, diversificarlo".

Este asunto comercial está emocionalmente encontrado entre los independientes. Si bien la imagen de estos "editores menores" está muy ligada con la aventura romántica, donde ganar dinero no forma parte de sus logros personales inmediatos (siempre y cuando esto atente contra sus ideales), no siempre ocurre esto. Hoy por hoy, muchos de ellos buscan adecuarse al mercado modificando su perfil comercial y jugando de igual a igual con los grandes. El caso más representativo es el de Estruendomudo, que ha sacado una serie que pretende abordar el fenómeno best-seller (con su colección Cajas) ampliando su público potencial con títulos que lleguen "a parecer atractivos y que puedan tener mayor divulgación".

Sandra López, de Editorial Mesa Redonda, prefiere hablar del mercado local con otras aspiraciones: "hay un idéntico trabajo que sólo difiere en la capacidad de negociación ante diversos agentes". Afirma que las condiciones cada vez son más igualitarias: "actualmente hay librerías que están dispuestas a trabajar conjuntamente en la promoción de títulos provenientes de todas las editoriales", sentencia.

¿La alternativa? en el conjunto
Si bien estos editores trabajan con presupuestos ajustados, una línea que se mantiene en casi todos ellos es el cuidado gráfico. Otro factor -quizás el más representativo- también es la búsqueda de "jóvenes promesas". Solar Central de Proyectos ofrece una mixtura de ambos puntos: "La idea es presentar a autores jóvenes, de un alto valor literario, en presentaciones económicas, prolijas y gráficamente atractivas", nos cuenta su responsable, Dante Trujillo.

En Zignos se mantiene dicha estrategia, pero se recalca que "si existe alguna diferencia con los grandes sellos, es que si bien nosotros nos regimos por las reglas del mercado, quizá por nuestra cercanía a los propios escritores y a la literatura en general, gozamos de un mejor criterio para editar". Ciertamente, este conglomerado de editores independientes tiene como principal herramienta de trabajo la cercanía con los mismos productores de literatura del medio. No en vano muchos de ellos son al mismo tiempo escritores comprometidos, con algunos libros publicados. En todo caso, ahora resulta que no solo los noveles llevan sus libros a estas casas, sino que también autores consagrados buscan publicar -o reeditar- sus obras con ellas. Así, debemos resaltar que estos jóvenes han logrado democratizar el proceso de publicación, antes muy alejado del escritor promedio. La fuerza que mantiene con vida a este fenómeno -en vías de convertirse en una vigorosa industria- son las perspectivas que presentan.

No deja de tener razón Giancarlo Gomero, de Matalamanga, al afirmar que "la alternativa en sí, no somos nosotros, sino el conjunto de editores independientes. Creo que es un gran logro mantenerse como tal en el Perú". Y ciertamente tiene razón. El fenómeno debe tomarse como un todo, una concentración de esfuerzos que llega a cubrir nuevas y viejas necesidades y, por qué no, repotenciar el medio literario local. Se puede pensar que a más alternativas editoriales, existe más confianza entre los escritores que quieren publicar. En este aspecto tenemos ante nosotros un movimiento que promete llegar a más y que, ahora más que nunca, necesita el apoyo del Estado y las leyes que correspondan. Si bien la fuerza está con todos ellos, de nosotros, los lectores, depende que estos jóvenes dejen de transitar nuestra ciudad bajo la sombra de la carencia y la misantropía. Ahora, los que tenemos que ponernos en acción somos los consumidores de cultura; así las organizaciones competentes advertirán la importancia de respaldar estas iniciativas. Ojalá.

Natalicios de tinta
La juventud de estas casas editoras es una de sus principales características. Esto lo podemos advertir observando sus fechas de aparición en el medio. Entre otras, las siguientes han aparecido en estos años:

Álbum del Universo Bacterial: 2002
Estruendomudo: 2003
Solar Central de Proyectos: 2003
Grupo Editorial Matalamanga: 2004
Editorial Zignos: 2004
Sarita Cartonera: 2004
Casa de Citas: 2004
Trpode: 2004
Editorial Mesa Redonda: 2004
Tranvía Editores: 2005
Lustra Editores: 2005
Editorial Campo de Gules: 2005
Editorial Ajos & Zafiros: 2006
Borrador editores: 2006
Mundo Ajeno editores: 2006
[sic] libros: 2006
Bizarro Ediciones: 2007

Es rescatable tomar en cuenta que durante los dos últimos años, solo en una cadena importante como Librerías Crisol, las editoriales independientes han colocado alrededor de cien títulos, con un aproximado de venta de 2500 ejemplares en total. No es ninguna minucia, ¿no es cierto? Al menos para empezar.